www.sexshoplelo.net La vida privada del dictador está llena de leyendas, pero en realidad, y por lo que hemos podido saber en el terrero del sexo Adolf Hitler tampoco fue una persona normal.

Círculos concretos de Sadomasoquismo y de colectivos gays han adoptado parte de la estética de los uniformes de la SS: cuero negro, fustas, botas. La crueldad sexual de la época brillante del tercer Reich está inexorablemente unida a una época emblemática en la historia contemporánea, por lo que no es extraño que provoque nuestra curiosidad la vida privada y sexual del dictador.

Adolf Hitler era una persona muy maniática y de costumbres rígidas. Pero para sus historiadores era el “hombre de las mil caras”. Según el talante con el que se lo conociese, podía dar distintas impresiones. Solamente algunas personas que lo trataron en la intimidad relataron algún gesto inusitadamente amable o dulce.

Como curiosidades, decir que siempre se quejaba de molestias gástricas y su comida era todos los días la misma; purés, y potajes sin ingredientes animales. Siempre pedía  que sus cuartos de trabajo estuvieran frescos. “Me dijeron que Hitler sólo se sentía bien a 11 grados, y que nunca permitía que hubiese un poco más de calor en sus habitaciones de trabajo“, cita Trudy Junge en la obra”La Vida Secreta de Hitler”.

La relación del Führer con las mujeres, exceptuando sus dos relaciones más serias (Eva Braun y Clara Petacci) fue absolutamente utilitaria. No era el deseo sexual su meta última, sino el financiamiento de sus proyectos, o la imagen beneficiosa que pudiese aportarle.

Su vida sexual era de todo menos normal. Invitaba a menudo strippers que escudriñaba con binoculares para no perder detalle. Las chaquetas de cuero, las botas brillantes, las joyas con esvástica, las cadenas, los látigos, las motos. Todo esto que hoy ha devenido en toda una serie de símbolos sexuales que nos recuerdan a los utilizados en la práctica del bondage, fue diseñado para el uso de las SS, su guardia personal. Incluso se considera el padre de las muñecas hinchables que mandó al frente tras la toma de París.

Se desnudaba a las jóvenes y se las hacía tenderse en el caballete del gimnasio, donde los SS, y posiblemente Hitler, las inspeccionaban, y a veces las violentaban“, contaba Erik Keitner, oficial de la SS. También es sabido que a Hitler le fascinaban las nalgas femeninas, y toda la región anal-genital era para él un centro de atracción sexual.

El estado nazi nunca desarrolló una imagen de la mujer alemana predeterminada. Surgió sola desde el entorno político y social.

Eslóganes de la mujer como guardiana de la raza desde su función de belleza y maternidad enmascaraban las verdaderas razones, que eran eliminar el desempleo y aumentar la población con vistas a la guerra.

La imagen de la mujer del Tercer Reich era la de adorno de belleza y procreadora, lo mismo que una yegua purasangre de carreras. Eso en público, porque las damas alemanas habían llegado ya muy lejos con su emancipación como para dar un paso atrás. En realidad las dirigentes femeninas nazis raramente se quedaban tranquilas en casa. Si accedían al matrimonio era porque este era un instrumento reproductor ideal.

El programa de reproducción nazi, llamado “La fuente de la vida”, se ideó para que mujeres racialmente irreprochables quedaran embarazadas de sementales arios. “Las medidas nacional-biológicas realmente tomadas en consideración en torno a 1943 parecen salidas de una película de terror: todas las mujeres menores de 35 años serían obligadas a tener cuatro hijos con hombres de pura raza alemana. Después los varones quedarían libres para la campaña militar.” (“Las Mujeres de los Nazis”).

¿Pero cómo fueron las relaciones sexuales del Führer?

Las compañeras de Hitler, seducidas por el poder y el magnetismo que lo envolvía, pronto deseaban huir de su férreo control. Casi todas tuvieron un misterioso final trágico.

Renate Müller era una actriz que conoció a Adolf en 1932. Pronto quiso escapar, asqueada por la vida íntima que tenía que experimentar. Cuando consiguió ir de vacaciones a Londres se reunió con su amante. Días más tarde se informó públicamente que Müller había muerto de un ataque cardiaco.

Mimi Reiter tenía 16 años cuando lo conoció en Berchtesgaden. Tiempo después trató de suicidarse ahorcándose.

Su sobrina Geli Raubal fue uno de los amores de su vida. La adoraba y la vigilaba. Vivió años de sospechado abuso sexual con su tío y cuando decidió abandonarlo en 1931, la versión oficial fue que Geli se suicidó.

Magda Goebbles, esposa de Goebbles, estuvo enamorada de Hitler desde el primer día en que lo vio. Fue su amante y, para evitar habladurías, la hizo secretaria de privada de Goebbles Más tarde insistió en que se casara con él, y fue el padrino de bodas. Siguieron siendo amantes después. Ella lo amó siempre pero cuando llegó el final del Reich, se suicidó en el bunker,  no antes de matar a sus seis hijos.

Winifred Wagner, nuera del compositor, se convirtió en su amante cuando enviudó. Ella fue una de las afortunadas que sobrevivió a las relaciones con él.

Unity Mitford, y Eva Braun, la única que se convirtió en “Frau Hitler”, tampoco sobrevivieron.

Poco se pudo relatar de lo más intimo de las relaciones sexuales del dictador, pero lo que si quedó de manifiesto fue la crueldad en el sexo, el desprecio continuo hacia sus parejas y lo que ya hemos visto, su final fue siempre el mismo… la muerte.

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