El viejo truco de resguardarse en el primer establecimiento que se te ponga a tiro cuando llueve mucho es divertido, ¿verdad? Eso lo hice yo ayer con mis amigas; y la verdad es que el azar no pudo escoger mejor local. ¿Un pub?, ¿una cafetería? Bueno, vale, en días de lluvias es en esos sitios donde apetece estar, y por supuesto tomándose algo calentito o con alcohol (con lo que enseguida entras en calor); pero sinceramente, nada de eso hubiera sido tan divertido como aquel en el que entramos: una tienda sex shop.

No nos fijamos en el cartel cuando nos metimos allí porque lo único en lo que pensábamos en ese momento era en dejar de sentir el agua cayendo sin cuartel sobre nosotras. Empezamos a notar algo raro cuando lo que captaba nuestra retina ocular era rojo, muy rojo; y luego descubrimos de qué se trataba cuando conseguimos atisbar objetos de… bueno, de forma sospechosa. Nunca antes había entrado en una tienda sex shop, ¿se lo pueden creer? Me molesta un poco decirlo, pero soy un poco convencional con esto del sexo; convencional, que no puritana.

Nos entretuvimos mucho ojeando todas las cosas que había en la tienda mientras esperábamos a que escampara; y tardó tanto en hacerlo que me parece que nos llegamos a aprender de memoria cada sección de la tienda. Luego, en casa de una de mis amigas, nos quedó ganas de seguir curioseando, y esta vez nos pusimos a buscar conscientemente alguna tienda erótica online virtual. A toda mujer que me pueda estar leyendo: visita una; no creo que te arrepientas de hacerlo. Más bien al contrario: lo que venden en cualquier sex shop son juguetes, y como tal es sumamente entretenido ponerse a cotillear. Y quién sabe, quizá descubras algo que te guste especialmente… no es especialmente caro.

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