Quizás ya no por mucho tiempo. La Asociación de Derechos Humanos de Marruecos (AMDH) lanzó, junto a la organización internacional Human Rights Watch, una acción de recogida de firmas para pedir al Gobierno marroquí la abolición del artículo 489, que castiga con seis meses a tres años de cárcel “los actos impúdicos o contra natura con una persona del mismo sexo”.Numerosos intelectuales marroquíes piden abolir la ley que penaliza la homosexualidad,

“AMDH milita por los derechos individuales. Deben respetarse mientras no vulneren los de los demás”. Khadija Ryadi, presidenta de la asociación, es tajante. Sabe que va a ser muy criticada por dar este paso, toda una primicia en Marruecos, pero no es algo que le importe: “Es habitual que nos critiquen todos los bandos. Que si vamos contra la religión o que hacemos el juego a los islamistas… Vamos a menudo a contracorriente de la sociedad en las causas que defendemos”, admite.

Pero la sociedad puede estar despertando en este aspecto tras el revulsivo que supuso, el caso de la pequeña ciudad de Ksar el Kebir, situada en el norte del país y dominada por el partido islamista. Tras denunciar la prensa una supuesta ‘boda homosexual’ en una fiesta privada, una muchedumbre se lanzó a una violenta caza de sus integrantes, supuestamente gays, y asaltó sus casas. El Estado, normalmente reacio a aplicar el artículo 489, se puso de lado de los integristas: en enero condenó a cinco participantes de la fiesta a penas de dos meses de prisión y a uno, inculpado además en venta ilegal de alcohol, a diez meses.

800 firmas

El escándalo de Ksar el Kebir catalizó una iniciativa a favor de las “libertades individuales”, lanzada por la asociación marroquí Bayt al Hikma. Su fundadora, Khadija Rouissi, defendió en la prensa no sólo el archivo de la causa sino la denuncia de quienes incitaron a los asaltos —”si lo permitimos, pronto tendremos a teólogos y policías en casa”, vaticinó—, pero el manifiesto es más cauto. No menciona el término “homosexual”, aunque lo insinúa al denunciar la presión que sufren los ciudadanos “con gustos u opciones de vida considerados ‘desviados’ y acusados de ‘ofender los sentimientos de los musulmanes’”. Ha sido firmado en el primer mes por más de 800 marroquíes, empezando por la flor y nata de la intelectualidad: desde el laureado escritor Tahar Ben Jelloun, pasando por políticos y ex ministros socialistas, hasta músicos raperos, periodistas famosos, empresarios y numerosos cineastas.

Ya en 2006, el joven escritor marroquí Abdellah Taïa se declaró públicamente gay, algo que también expresa en sus novelas, y tuvo una excelente acogida en la prensa francófona marroquí. Pero jugaba con una ventaja: vive en París y escribe en francés. En árabe no es tan fácil: “La sexualidad es un tabú. Incluso si existen palabras no puedes utilizarlas. Estamos trabajando para configurar un lenguaje que pueda expresar nuestra sexualidad de un modo correcto en árabe”, explica a La Clave Nisrín Mazzawi, activista de Aswat, una red palestina de lesbianas creada en 2002.

Aswat es la única asociación de defensa de los homosexuales en el mundo árabe aparte de Helem. Tiene su sede en Haifa, pero trabaja tanto con mujeres en los territorios palestinos ocupados como con las que tienen ciudadanía israelí. “Empezó como una red de correo electrónico porque la mayoría vivíamos años en secreto y queríamos poder hablar sobre la sexualidad sin necesidad de exponernos físicamente ni desvelar nuestra identidad”, recuerda Mazzawi. “Ahora somos 70 y nos reunimos todos los meses”.

Aswat lleva una lucha difícil. “Nosotras somos una minoría dentro de una minoría dentro de otra: somos palestinas en Israel —o en los territorios ocupados—, tenemos que afrontar la sociedad patriarcal en la que el tema de la sexualidad es algo totalmente tabú y, por último, somos lesbianas”, dibuja Mazzawi el complejo de prejuicios a los que se exponen.

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