Cuando me preguntan qué soy (es decir, cuál es mi profesión) disfruto mucho diciendo que soy guionista de obras de teatro. La reacción de la gente ante eso suele ser dual, porque en su cara puedes leer dos cosas: primero, “increíble, te admiro mucho por dedicarte al arte, es muy original”; y segundo, “¿pero eso te da para comer?, me imagino que dormirás bajo un puente”. Vale, es cierto que no gano mucho, y todos sabemos que el arte es un terreno muy arriesgado desde el punto de vista laboral; pero lo llevo bien: me da para un piso pequeño y para mí sola, para un gato y para ser feliz.

Mi próxima obra de teatro ya la tengo estructurada, y si algo no me faltan son actores, porque trabajo para una compañía de teatro concreta y de momento nos ha ido bastante bien con mis creaciones. Les voy a contar en tres palabras de qué va: de una tienda sex shop. Sí, como lo oyen: los protagonistas son una dependienta, dos clientes habituales, el cartero que de vez en cuando se pasa por allí a dejar publicidad y el repartidor; bueno, quiero decir el que distribuye los productos. La obra pretende reflejar el estado actual del sexo en la sociedad española del siglo XXI y analiza todos los tabúes que todavía quedan; y todo a través de algo tan cotidiano hoy en día como una tienda sex shop.

Naturalmente, para conseguir el atrezzo adecuado e inspirarme, yo misma he tenido que visitar sex shop online; todas en internet porque así puedo ponerme a escribir de inmediato si llega la inspiración. Es muy útil; de entrada ya he planeado una conversación sobre lencería que tendrán la dueña y una de sus clientas, y en eso me ha ayudado la nutrida sección de ropa interior de algunos sex shops.

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