Si siempre debemos ser cautos ante cualquier afirmación que se pueda obtener para un estudio cualquiera, con más razón los problemas metodológicos del siglo XIX nos imposibilitan una afirmación categórica sobre la historia de la ilustración de contenido sexual de esta época. Así pues, nuestras afirmaciones están siempre sujetas al hallazgo de una publicación que pueda cambiar radicalmente lo que hoy podemos considerar como cierto, y todavía más teniendo en cuenta que es ahora cuando hemos empezado a trabajar en su estudio. De hecho esta es el primer intento general específico sobre la ilustración erótica del siglo XIX en España.

Sobre los inicios de la publicación de imágenes de contenido más o menos sexual debemos tener en cuenta cómo ha sido la historia de España y en especial el factor represivo que representó para nuestras imprentas la Inquisición. La consulta de las distintas listas del Index Librorum Prohibitorum inquisitorial de la España del siglo XVIII nos permite localizar libros eróticos franceses pero ninguno español, por lo que debemos creer que no se publicó ninguno, mientras podemos observar la existencia de cierto comercio clandestino de importación.

Este comercio no cesaría hasta tiempos recientes, debido a dos factores: la permanencia histórica de la represión sobre materia sexual en España hasta bien entrados los años setenta del siglo XX y la alta producción en cantidad y calidad de este tipo de impresos en el país vecino. Este dato, y la no conservación de ningún ejemplar anterior al siglo XIX, nos permite elaborar la teoría de que no se editó ningún libro -ilustrado o no- de esta temática en la época a la que nos referimos, lo que no impidió la circulación de manuscritos.

El primer libro moderno conocido con contenido pornográfico e ilustraciones data de 1812, el mismo año que La Pepa, lo que nos llevaría a celebrar en 2012 el 200º aniversario de las publicaciones eróticas en España. Dicho libro no es otro que la traducción al castellano del clásico erótico francés, obra de Jean-Baptiste Boyer -Marqués de Argens-, Teresa la filósofa.

Del único ejemplar referenciado no se ha vuelto a saber el paradero desde que fue vendido en 1919 por López Barbadillo en su “tercera lista de libros raros o curiosos” y en la que reproducía, afortunadamente, la portada –«única plancha publicable [de las] diez licenciosas en acero, reproducidas de las originales francesas, atribuidas al célebre De Pesne». Este libro, datado en el año 1812 y sin pie de imprenta, es el primer caso conocido de una publicación pornográfica en España.

A pesar de la definitiva abolición de la Inquisición en el año 1820, la primera mitad del siglo XIX continuó siendo un desierto por lo que se refiere a publicaciones eróticas. Sólo unas cuantas escaparon a esta sequía ya que el poder de la Iglesia -defensora de la moral de la época- estaba muy presente en la sociedad y en los conservadores gobiernos liberales hasta el año 1868. Por este motivo no es casual que en la primera mitad del s. XIX percibamos una clara influencia francesa en lo que compete a los autores y a los pies de imprenta.

La clandestinidad obligaba a no indicar los autores reales de las publicaciones, mencionados sólo a través de nombres apócrifos o directamente amparándose en el anonimato y las imprentas aparecen con falsos nombres de poblaciones o sin hacer referencia a ninguna.

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