La eyaculación precoz es la segunda disfunción que más se presenta en la población masculina y afecta a un 30% de esta, pero no solamente hablamos de la parte fisiológica también hablamos del estado mental y psicológico que puede llegar a generar este problema, los pacientes que sufren de este mal llegan a generar sentimientos de frustración decepción y rechazo provocando estados de temor y aislamiento.
Uno de los primeros sentimientos que llegar a generar la aparición de esta disfunción sexual es la vergüenza que evita que el paciente tome las riendas de la situación y se dé cuenta a medida que ha evolucionado la medicina, han surgido tratamientos médicos, quirúrgicos, psicológicos y herbarios para esta disfunción que lamentablemente en algunos casos han tenido consecuencias que no siempre son las deseadas. Esto sucede principalmente con medicamentos sintéticos que por lo general pueden producir efectos secundarios.
Hace algunos años la eyaculación precoz no se incluía dentro de las disfunciones sexuales del hombre, este mal empezó a considerarse disfunción sexual recién en los años 60, antes de esto el hombre no mostraba preocupación por su control eyaculador y al parecer pareja tampoco lo solicitaba, esto tal vez se debía a que la sexualidad se veía más que todo con fines reproductivos y en muchos casos las mujeres de lo veían como una carga más que soportar por el matrimonio, por lo que cuanto más rápida fuera la relación era mucho mejor, y no se tomaba este acto como un compromiso de la pareja con la sexualidad ni como forma de comunicación y expresión de amor.
Con el paso del tiempo este tipo de ideologías fueron cambiando y se estableció la sexualidad como instrumento de placer y comunicación íntima dentro de la pareja, al mismo tiempo las mujeres comenzaron a descubrir su derecho al goce sexual, por lo que en la década de los 60 por fin la eyaculación precoz se vio como un verdadero impedimento para dichos fines.
En la década de los 80 y 90 el hombre pasó a ser responsabilizado del problema y sobre todo a sentirse culpable de la ausencia del orgasmo la mujer, con esta concepción en mente el hombre debió ver esto como una obligación sexual y lo llevó a revisar los diagnósticos sobre eyaculación precoz, tenga presente que tanto ahora como entonces muchos de los casos etiquetados como eyaculación precoz no lo eran y debieron ser diagnosticados como anorgasmia femenina, con esto se logró eliminar la responsabilidad del hombre acerca el placer sexual femenino, indicando que orgasmo era algo fisiológico y socio culturalmente responsabilidad cada individuo independientemente de su género.
Hoy en día se ha evolucionado a una concepción en la que el placer no es solamente cosa de hombres, también el placer sexual de la mujer es importante y no puede negársele, por lo que dentro de este contexto está implícito que el hombre debe preocuparse por si aparecen los síntomas de la eyaculación precoz, esto ha llegado hasta tal punto que ahora hay leyes donde la insatisfacción sexual es causa justificada para llegar a un divorcio.
Esta disfunción no es más que una enfermedad que requiere un tratamiento, no olvide que lo único que no tiene solución es la muerte y por lo tanto debe buscar lo antes posible una cura para la eyaculación precoz que le permita tener el control de este reflejo que siempre ha deseado.

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