¿Verdad o Mentira? Los estudios científicos sobre los afrodisíacos no son pocos, ya que diversas investigaciones han determinado que no hay una relación entre la excitación sexual y la ingesta de ciertos alimentos. Lo que si existen son comidas con niveles calóricos y energéticos muy altos, que no sirven de nada si no están acompañados de determinados requisitos básicos para una relación sexual satisfactoria.

Algunos especialistas en sexualidad afirman que no hay ninguna comida afrodisíaca, si no alimentos que poseen formas respectivas que nos recuerdan a los órganos genitales o que pueden comerse de una forma erótica y sensual. Tal es el caso de los espárragos y los plátanos, que estimulan la libido por su forma fálica.

Hasta el momento, los únicos afrodisíacos que cuentan con el respaldo de diversas investigaciones científicas, son los producidos por el cuerpo humano: las feromonas existen también diversas especies de animales, ya que son potentes “imanes” imanes que provocan la atracción sexualmente de los sujetos del mismo sexo.

La comida afrodisíaca esta cada vez más de moda. Hombres y mujeres, sin importar la orientación sexual, hacen de ella el mejor aliado para conquistar a sus parejas. Algunos prefieren ahorrarse el protocolo erótico y acudir directamente a uno de tantos restaurantes ya que se especializan en el ramo.

De acuerdo a expertos, en dichos lugares se asegura servir comida afrodisíaca, cuando lo único que hacen es crear cierto ambiente o circunstancias proclives para el momento.

La ambientación, la decoración, la disposición del lugar donde se sirve, poner la mesa en forma activa, la iluminación, lo olores la música, son factores fundamentales para alimentar el ingrediente fundamental: la imaginación.

¿Cómo definir un afrodisíaco?

Digamos que es cualquier substancia o actividad que aguijonea el deseo amoroso. Algunos tienen fundamento científico, pero la mayoría actúa por impulso de la imaginación. Cada cultura y cada persona reaccionan ante ellos a su manera. En lo que se refiere a la alimentación y sexualidad, la naturaleza exige un mínimo, bastante simple, destinado a la preservación del individuo y de la especie; lo demás son ornamentos o subterfugios inventados por nosotros para festejar a la vida.

Los afrodisíacos son el puente entre la gula y la lujuria. En un mundo perfecto, supongo que cualquier alimento natural, sano y fresco, atractivo a la vista, sabroso y liviano – es decir, las mismas virtudes que uno desea en su pareja – seria afrodisíaco, pero la verdad es bastante más enrevesada.

A pesar de los cúmulos de libros de cocina publicados anualmente, existe muy poco escrito sobre el sentido del gusto, porque es casi tan difícil definir un sabor como un olor.

El placer del sabor se centra en la lengua y el paladar, aunque a menudo no comienza por allí, si no con el recuerdo. Y parte esencial de ese placer reside en los otros sentidos, la vista, el olfato, el tacto, incluso en el oído.

El sabor se asocia con la sexualidad, al emplear un menú debemos considerar diferentes sabores para que se complementen y se distingan uno de otros sin competir. El orden en que se sirven los platillos, influye en la apreciación de los mismos; conviene no entrar de lleno con el guisado más suculento, porque si se sirve primero, todo lo demás resulta insulso.

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