Hace poco podíamos ver las duras imágenes en televisión de las agresiones de vecinos peruanos a las chicas de los clubs. Pero la violencia de todo tipo, a la que son sometidas casi a diario radica en el más brutal odio y desprecio hacia ellas.

Por lo general las chicas de compañía siempre son un blanco fácil para todo tipo de personas que pretenden no sólo sus favores sexuales, sino siempre algo más. Desde abusos, dinero, o maltrato. En casi todo el mundo existe la figura de quien las protege, las lleva o las trae, y se aseguran que la relación con el cliente es la pactada, sin ningún otro cometido que velar por su seguridad. Pero es la capital peruana donde, desde hace años, los ánimos están tan calientes, que las escorts están sufriendo una persecución propia de una caza de brujas.

Recientemente, se produjo en un conocido barrio unos altercados donde un grupo de “defensores de la mujer”, armados con barras y látigos, entraron en diversos clubs donde azotaron sin piedad a las chicas que allí se encontraban. También los clientes tuvieron que velar por su propia seguridad antes los ojos de la propia policía, ya que se les apartó y obligándoles a hacer flexiones y también recibieron latigazos por todo el cuerpo. ¿El motivo? Pues no es más que el resultado de una doble moral. Limpiar las calles de prostitución y culpar a las escorts de tráfico de drogas. Excusa perfecta para que las autoridades cierren los más famosos clubs de la ciudad.

Pero..¿y cómo se las ingenian las escorts de lujo para proteger sus vidas?. Hasta la fecha las acompañantes de lujo han dejado de mantener citas con personas sospechosas. Prefieren las llamadas de extranjeros, o si son peruanos, se aseguran bastante que el lugar de la cita sea cambiado en el último momento. Muchas de ellas han recurrido a escoltas personales.

No hay que olvidar que esta maladversión contra las escorts tiene un origen un tanto peculiar.

En Perú el 70% de las mujeres sufren o han sufrido violencia sexual. No sólo violencia machista como la conocemos en España. Si no que han sido víctimas de todo tipo de hombres que las asaltan en las calles con el único fin de abusar sexualmente de ellas. A esto la sociedad e incluso las autoridades aconsejan vestir de forma recatada, y no como prostitutas (minifalda o ropa ajustada). El miedo radica en que puedan ser confundidas, y que estas escorts son un mal ejemplo para las jóvenes, ya que no son más que unas representantes de satanás en la tierra.

Para muchos, son ellas las que de alguna manera aleccionan a los hombres a que mantener sexo, es algo sencillo, y ninguna mujer debe negarse a ello. Este tipo de falacias han calado de manera muy profunda en diversos estadios de la población, siendo para ellos el mal referente que hay que combatir.

“No vistas como una puta”. Esta es la consigna de muchas manifestaciones contra la violencia machista que se suceden a lo largo del país. Por este motivo no es extraño que las escorts sean el objetivo a combatir desde las calles. Pero lo cierto es que ya hace muchos años que la prostitución callejera desapareció precisamente por este tipo de acoso, y ahora son los clubs, el objetivo de los más violentos y radicales.

Por el otro lado, se han sucedido durante años manifestaciones de prostitutas y homosexuales, reclamando sus derechos. Y entre sus lemas coreados, también ellas recuerdan que son “victimas” de quienes pretenden acabar con su trabajo, ya que en múltiples ocasiones son asaltadas y amenazadas de muerte en los alrededores de los clubs donde trabajan, por los mismos que defienden los derechos más universales de la mujer.

En la última campaña institucional reza este lema:

“No vayas sola, te puede pasar algo”

Las mujeres crecen entre mensajes que les alertan del peligro de ser violadas por la calle, pese a que la mayor parte de agresiones sexuales las cometen hombres conocidos. Se enseña a las chicas a tener miedo pero no a defenderse.

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