El otro día, en clase de Sociología, me tocó hacer una exposición. El trabajo era el siguiente: teníamos que elegir un tema, el que sea, y hablar de él si considerábamos que había influido de un modo u otro en la sociedad. Yo elegí uno que sabía que iba a gustar y que tal vez iba a propiciar debates y comentarios: las tiendas de sex shop online. Sí, online, porque me daba para dividir la exposición en dos bloques: la liberación sexual progresiva, sobre todo de la mujer, y el auge de internet en los negocios y operaciones comerciales. Preparé mi presentación y me dispuse a ello.

En efecto, tal y como auguré, mi trabajo tuvo mucho éxito. Muchas personas mostraban genuino interés por un tema del que no sabían nada; otras, en cambio, secundaban mis palabras creyendo ser sutiles con esos asentimientos de cabeza; pero yo me di cuenta enseguida de que eran usuarios de un sex shop online. Para hablar de auge de este tipo de establecimientos en el ancho mundo de internet, tuve como base uno en concreto que me pareció idóneo: no solo parecía profesional a juzgar por su diseño y los envíos, sino que tenía muchísimas secciones y muchos tipos distintos de productos.

Cuando terminé la presentación, y tras el aplauso y el debate de rigor, algunas amigas quisieron que les diera información más a fondo del sex shop online en cuestión; información más práctica, digámoslo así. Cuando supieron lo asequibles que eran los precios en general, los adecuados gastos de envío y la rapidez de respuesta de los dueños cuando hacías una pregunta, se quedaron bastante contentas. Confío en que, si hacen una compra, me lo cuenten; es lo mínimo, digo yo, teniendo en cuenta que les he descubierto la tienda. Ya veremos: por lo pronto, yo estoy saboreando aún el éxito de la exposición.

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