El otro día quedé con un amigo. No, no es un amigo cualquiera, así que rectifico: el otro día quedé con un chico que había sido mi novio hacía diez años ya, pero que fue el primer chico por el que sentí algo especialmente grande. Teníamos quince cuando empezamos y aunque lo dejamos a los doce meses casi seguimos viéndonos cuando cicatrizó la herida un poco. Luego yo empecé con otro chico con el que estuve siete años, pero nunca llegué a sentir por él lo mismo que por mi primer, verdadero y creo que único amor. Mi relación de siete años acabó y justo se volvió a cruzar el primero en mi camino.

El caso es que la vez de la que hablo no es la primera vez que lo veo desde que acabó mi anterior relación. Llevábamos como tres meses viéndonos y la verdad es que nunca me he sentido tan satisfecha y plena conmigo misma. Disfrutar del sexo con él es pura magia, lo juro. Con otras parejas nunca he sido tan abierta, nunca he usado productos de sex shop ni nada que se le parezca con ninguno de ellos; salvo con él.

parejas y amorY es que no sé qué tiene, pero me transmite unas ansias, un ímpetu y un afán por querer tenerlo siempre contento que todo cuanto hago cuando estoy con él es dejarme llevar por la pasión. Eso de ir días antes de verlo de compras en busca de la más atrevida, sexy y arrogante ropa interior, así como recorrer sex shops para hacerme con los aceites comestibles más afrodisiacos es algo que no había hecho nunca por nadie.

Lamentablemente, el último día que lo vi tomé la decisión de que no lo vería más. Sin duda alguna, es de las cosas que más me duele reconocer, más incluso que haber acabado la relación de siete años, pero sé que con él nunca podré llegar a nada más que no sea buen sexo. Aún así, sé que no lo olvidaré, porque nunca se olvida lo que nunca ha dejado de existir.

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