La lencería erótica, las cremas íntimas, los anillos vibradores para el pene, los trajes de enfermera o colegiala, pero también, las muñecas inflables, látigos, esposas, vaginas y colas de hule, y un sinfín de productos más confeccionan el espectro de estas tiendas dedicadas al placer sexual.

Sabemos algunas precisiones sobre qué buscan los clientes. Los hombres compran menos consoladores que las mujeres, y en general cuando los atiende una mujer manifiestan haberse equivocado de número telefónico.

“Las lesbianas casi siempre vienen juntas en busca de juguetes para compartir, y los matrimonios o parejas llegan en busca de algún traje u objeto para cumplir fantasías, sobre todo para cumplírselas a la mujer. En estos años, creo que las parejas buscan salir de la monotonía”, contaba el dueño de un sex shop mientras enseñaba un arnés con un pene de importantes dimensiones.

Sobre este objeto, dijo: “Antes lo adquirían casi todas mujeres, sobre todo las lesbianas, pero últimamente lo llevan las parejas porque el hombre le pide a su mujer que lo penetre”.

sex shop

Estos arneses son cada vez más requeridos por las parejas estables, sean matrimonios o novios, indicó el propietario del negocio, pero en el interior del local “es la mujer la que lo pide y examina, porque aún estando en un entorno de privacidad, a los hombres le da vergüenza que se sepa que en definitiva es para él, aunque sea algo obvio”.

Quizá con esta frase, este comerciante del placer sintetizó los cambios culturales que va teniendo la sexualidad, sobre todo en los mendocinos.

Después nos mostró el sex shop exclusivo para mujeres. Allí atiende una bella joven, que fue muy amable a la hora de hablar sobre su trabajo.

Así como en la década del 80 las mujeres se reunían en casas a comprar productos de plástico para guardar alimentos en la heladera, hoy el motivo de la reunión es para adquirir productos de estimulación sexual.

Estas reuniones se denominan Tupper Sex. Una mujer pone su casa, invita a sus amigas y una vendedora de  productos sexuales las visita. Mientras toman el té, ven los distintos objetos que trajo la chica, quien también les enseña un catálogo.

Algunas compran in situ y otras le encargan un pedido. Todo se paga en efectivo, al igual que las solicitudes que llegan vía Internet; en algunas zonas, estos comercios aún no han adquirido la modalidad del e-commerce (tal vez para que los usuarios no tengan que revelar su identidad al dar los datos de su tarjeta de crédito).

Se sabe, el pudor y el silencio existen, pero el deseo de experimentar con estos objetos supera con amplitud las reglas, que algunos aseguran poseer.

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