La eyaculación precoz es la disfunción sexual más común que se puede presentar en el hombre, se sabe que al 40% la población masculina ha padecido o padece de algún tipo y grado de eyaculación precoz, valga aclarar que se tiene una idea errónea de que este padecimiento es única y exclusivamente asunto de los jóvenes, puesto que se han visto casos en hombres de hasta 60 años. Dentro de este contexto se debe decir que es uno de los males sexuales menos tratados por ser una enfermedad que conlleva un sentimiento de vergüenza a la conciencia del hombre, a pesar de esto debe recordar que esta como cualquier otra disfunción sexual es tratable y se puede curar fácilmente si se dispone de una buena información e incluso es un problema que se puede prevenir.
Antes de la investigación de Kinsey en 1948 el hombre occidental no se preocupaban por sus tiempos de duración en el acto sexual, es más el hombre no se preocupaba por si su pareja disfrutaba o no de estar con él. Antes de la década de los 50 esta disfunción se consideraba como un subtipo de impotencia considerada sólo como una práctica anormal del coito vaginal.
Después de la década de los 70 se reconoció que la eyaculación precoz merecía un puesto como disfunción sexual, ya que este era un tema totalmente independiente del contexto de la impotencia y que debía tener la misma atención que el resto de problemas presentados dentro de la sexología, esto se debió a los estudios de la pareja de Masters y Johnson, con el paso del tiempo más sexólogos hicieron aportes realmente importantes tanto la definición como a los tratamientos y causas por las cuales se presenta esta disfunción sexual.
La eyaculación precoz en sus comienzos tuvo diversas definiciones que se iban creando según los criterios de quienes la estudiaban, en un principio se hablaba de una duración media, es decir quienes estaban por debajo de cierta cantidad de minutos la padecían y quienes superaban este tiempo no. También se encontraba la definición por cantidad movimientos peneanos intravaginales e incluso existen algunas definiciones que consideraban la idea de medir la eyaculación precoz por la cantidad de orgasmos conseguidos por la pareja.
Con el tiempo Kaplan afirma que un hombre con problemas en la fase orgásmica no tiene control sobre su orgasmo “El aspecto crucial de la precocidad es más bien la ausencia de control voluntario sobre el reflejo eyaculador, independiente de si esto se da después de dos impulsos o cinco, o de si ocurre antes de que la mujer alcance el orgasmo” A base de esta definición se manejan todas las teorías acerca del tema. Dentro de todo este tema es de resaltar que inmediatamente se identifique el padecimiento es indispensable tomar cartas en el asunto y buscar de inmediato una cura para la eyaculación precoz que se adapte a su situación actual y le permita deshacerse del problema de una vez por todas.

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